
Nuestra alma gemela, vive, respira, existe en algún lugar en el presente, cerca o lejos, las conocemos o aún no, pero cuando la encuentras nada es igual, aún cuando sabes que se ha soltado de tu mano, vive con el recuerdo, viaja en la mente, nos visita en los sueños. Existe, ¡si! existe; ¿nacimos cada uno destinados a otra alma? confío en que si, no como la fantasía romántica en la que se encuentra inevitablemente la otra mitad, si no en la clase de destino en el que experimentamos los momentos más felices de nuestra vida.
Describir una vez que se vive resulta más fácil que reconocer, en especial cuando se oculta en el lugar menos esperado, es así cuando resulta más complicado encontrarle; estar alertas porque está en cualquier parte, en una noche al calor de una chimenea y un café, en una larga charla al frío de la madrugada, cantando una alegre canción en un viaje en carretera, bailando a la mitad de una pista un día de fiesta o en esa mano que se tendió a ti en el momento que no podías caminar un día de enfermedad; podría ocultarse tras las risas de una complicidad u ocultarse tras una mirada, viéndote en los ojos de alguien más y reconocerte a ti mismo, saber que frente a ti esta extrañamente alguien... tan parecido a ti.
Las almas gemelas no siempre existen para permanecer, existen para recordarte que la vida es maravillosa, que es tan perfecta que te destina siempre lo mejor de ella, pero que como todo en el universo... es temporal, por lo que te permite aprovechar todo cuanto te da mientras aún hay tiempo y nos lo quita para recordarnos lo valioso de cada momento, para enseñarnos a ser más fuertes y a aprovechar cada minuto como el último.
Las almas gemelas pueden vivir cruzándose constantemente en tu vida, como si fuesen un misterioso par de imanes invisibles que cambian constantemente sus polos uniéndose y alejándose una y otra vez, permanecer, irse o tal vez no volver jamás, pero una vez que la reconoces es parte de ti siempre, cerca... o a la distancia, pero cumpliendo con lo que esta destinada a ser, la fuerza, el aliento, el sueño, el recuerdo, la fe, fe para confiar que la vida nos aguarda siempre algo más, algo porque vivir, algo... para seguir respirando.
Las almas gemelas, sin importar lo que suceda o donde estén, saben que habrán nacido siempre... la una para la otra.