
Puedo decir casi nada aunque
compartimos mucho, de tanto disfrutamos muy poco, me odiaste y me quisiste
igual que yo a ti, razones no tenías solo tu razón, la mía válida en demasía
¿qué tan lógico sería querer el rencor de una persona? y después de tanto, no
me hizo feliz verte sufrir, no me hizo feliz verte perder tu movilidad, tu
carácter, tus ganas de vivir, no me hizo feliz verte llorar, no me hizo feliz
verte tragar tu orgullo tomando mi mano porque no tenías opción, no me hizo
feliz nada de lo que viviste estos dos últimos años ni lo que viviste toda tu
vida, porque muy a pesar de todos los recuerdos que sembraste, después de todas
las palabras vertidas en mi, después de dejarme claro tantas veces
que no me amabas, y yo después de haberme declarado inmune a tu descrédito,
después de tanto todos estos años, pensé que al final de tus días no podría
sentir más que una inmensa pena por ti; con sorpresa me vi sufrir tu sufrimiento,
me vi agobiada por tu dolor y sentí desesperación por no poder aliviarte; me vi
pidiendo a Dios te permitiera la paz que en este mundo ya no encontrarías de
nuevo, me vi defendiéndote a pesar de que mucho te habías ganado, me escuche pidiendo
tu perdón, me vi tomando tu mano moribunda, me vi tratando de escuchar el
último latido de tu corazón paralizado deseando aun encontrarte con vida, me vi
cerrando tus ojos después de tu último aliento y preparando tu cuerpo para ser
sepultado, me vi impidiendo, como tu lo querías, que vieran tu faz sin vida. Vi
de lejos como sepultaban tus restos, como respetando esa barrera invisible que
se impuso entre nosotras años atrás, como si con ello quisiera hacerte entender
que esta tregua no era falsa y que no verías de mi hipocresías en tu adiós. Me
vi sabiendo que ese día al volver a casa no estarías
más ahí.
Estoy segura que nunca ninguna de las dos cuando comenzamos el camino se
imagino que sería precisamente yo quien viviera estos últimos momentos contigo ¡después
de todo! ¿qué ironías verdad?, pero muy a pesar de los pronósticos siento una
enorme tristeza porque te haz ido, tranquilidad porque ya no sufres más y pesar
por no haber sido mejor la una para la otra. Te quiero... es cierto,
te quise tal vez más que tu a mi y ese es un dolor grande, porque desde
niña hubiera querido oírte decir lo mismo. Descansa y vete en paz que ya no hay
rencor aquí, no nos debemos nada, pide
por mi en donde estés, yo lo haré por ti. ¿Sabes? te extraño y pienso que
hubiera dado cualquier cosa porque hubieras sido más feliz, confío en que si
Dios te da otra vida, compensará en ella todo tu sufrimiento... te quiero en
verdad, no lo dije lo se, pero te quise, ojala lo hayas sabido... ojala alguna
vez hayas sentido lo mismo por mi.